urdimano

07 May, 2008

urdimano

General — Escrito por urdimano @ 08:36

Arreglárselas [muy] bien.

A la problemática anterior se suma nuestra costumbre de criticar las ideas de los demás, se puede decir, por el sólo hecho de criticar y sin un análisis realmente objetivo. Casi nunca tenemos la actitud de ser positivos con la idea contraria, salvo que sea nuestra o de nuestro jefe o superior. Además, en muchas ocasiones opinamos con el corazón y nos dejamos llevar por nuestros sentimientos y lo peor de esto es que ni cuenta nos damos cuando nos dejamos envolver por las emociones, pues juramos que somos totalmente objetivos. Son estos aspectos los que limitan la efectividad de la reunión, no se llega a resultados adecuados y no sabemos por qué sucede y hasta lo tomamos como parte de una comunicación normal, aunque estos problemas la limiten mucho. Sócrates, por su origen, pertenece al más bajo pueblo: Sócrates fue un plebeyo. Se sabe, puede observarse, cuán feo fue. Mas la fealdad, de suyo una objeción, entre los griegos es poco menos que una refutación. ¿Fue Sócrates de veras un griego? La fealdad es con harta frecuencia la expresión de una evolución trabada, inhibida por cruce de razas. O si no, aparece como evolución descendente. Los criminalistas antropólogos nos dicen que el delincuente típico es feo monstrum in fronte, monstrum in animo. Mas el delincuente es un décadent. ¿Sería Sócrates un delincuente típico? Ciertamente no desmentiría esta hipótesis ese famoso dictamen de un fisónomo que tanto escandalizó a los amigos de Sócrates. Un forastero entendido en fisonomías, de paso en Atenas, le dijo en la cara a Sócrates que era un monstrum, que llevaba en sí todos los malos vicios y apetitos. Y Sócrates se limitó a contestar: “¡Usted me conoce, señor!” Que Sócrates fue un décadent lo sugiere no sólo el admitido desenfreno y anarquía de sus instintos, sino también la superfetación de lo lógico y esa malicia de raquítico que lo caracteriza. No pasemos por alto tampoco esas alucinaciones auditivas que como “demonios de Sócrates” han sido interpretadas en un sentido religioso. Todo en él es exageración, buffo, caricatura; todo en él es al mismo tiempo oculto, solapado, furtivo. Trato de comprender la idiosincrasia de la que deriva esa ecuación socrática: razón igual a virtud igual a felicidad; es la ecuación más bizarra que pueda darse y que en particular está reñida con todos los instintos de los primitivos helenos. Con Sócrates, el gusto griego experimenta un vuelco en favor de la dialéctica; ¿qué significa esto, en definitiva? Significa, sobre todo, la derrota de un gusto aristocrático; con la dialéctica triunfa la plebe. Antes de Sócrates, la buena sociedad repudiaba las maneras dialécticas; éstas eran tenidas por malos modales y comprometían. Se prevenía contra ellas a la juventud. También se desconfiaba respecto a la forma de argumentar. Las cosas decentes, como las personas decentes, no llevan sus razones de esta manera en la mano. No es decoroso mostrar los cinco dedos. Lo que necesita ser probado, poco vale. Donde la autoridad forma todavía parte de las buenas costumbres y no se argumenta, sino se ordena, el dialéctico es una especie de payaso; la gente se ríe de él, no lo toma en serio. Sócrates fue el payaso que se hizo tomar en serio. ¿Qué significa esto, en definitiva? Sólo opta por la dialéctica quien no dispone de otro recurso. Sábese que ella despierta suspicacia; que tiene escaso poder de convicción. Nada hay tan fácil de borrar como el efecto de un dialéctico, según lo prueba la experiencia de cualquier reunión donde se habla. La dialéctica no puede ser más que un recurso de emergencia, en manos de personas que ya no poseen otras armas. Sólo quien tiene que imponer su derecho hace uso de ella. De ahí que los judíos fueran dialécticos, y lo fue el zorro de la fábula. Entonces, ¿lo sería también Sócrates? ¿Sería la ironía de Sócrates una expresión de rebeldía, de resentimiento plebeyo? ¿Goza él acaso, como oprimido, con la ferocidad propia de las cuchilladas del silogismo? ¿Se venga de las clases aristocráticas que fascina? Como dialéctico, uno maneja un instrumento implacable; con él puede dárselas de tirano; triunfando compromete. El dialéctico lleva a su contrincante a una situación donde le corresponde probar que no es un idiota; enfurece y reduce a la impotencia a un tiempo. Despotencia el dialéctico intelectualmente a su contrincante. ¿Será entonces la dialéctica de Sócrates una forma de la venganza? A propósito de la “conciencia intelectual”. Nada me parece tan raro hoy día como la verdadera hipocresía. Sospecho decididamente que el aire suave de nuestra cultura no conviene a esta planta. La hipocresía es propia de las épocas de fe ardiente, en las que ni aun cuando se estaba forzado a exhibir una fe diferente se renunciaba a la que realmente se alentaba. Hoy día se renuncia a ella, o lo que es aún más corriente, se adopta una segunda fe; en uno y otro caso se es sincero. No cabe duda que en nuestros tiempos son posibles, quiere decir permitidas, quiere decir inofensivas, un número mucho más grande de convicciones que antes. Origínase así la tolerancia hacia sí mismo. La tolerancia hacia sí mismo autoriza a tener varias convicciones; éstas conviven pacíficamente, cuidándose mucho, como hoy en día todo el mundo, de comprometerse. ¿Cómo se compromete uno hoy en día? Adoptando una actitud consecuente. Avanzando imperturbable. Siendo un hombre en el que no caben, por lo menos, cinco interpretaciones diferentes. Siendo-genuino... Temo mucho que algunos vicios estén condenados a extinguirse simplemente porque el hombre moderno es demasiado cómodo e indolente para seguir con ellos. Todo lo malo determinado por una voluntad fuerte, y tal vez no haya nada malo sin fuerza de voluntad, degenera en virtud en nuestro tibio ambiente... Los pocos hipócritas que he conocido imitaban la hipocresía; eran, como hoy en día casi todo el mundo, comediantes. Bello y feo. Nada hay tan condicionado, digamos tan restringido, como nuestro sentimiento de lo bello. Quien pretende concebirlo desligado del goce que el hombre libra del hombre, deja al momento de pisar terreno firme. Lo “bello en sí” es un mero concepto; no es ni siquiera un concepto. En lo bello, el hombre se establece a sí mismo como criterio de perfección; en casos selectos, se adora a sí mismo en lo bello. Una especie no puede por menos de decir sí exclusivamente a sí misma de esta manera. Su instinto más soterrado, el de conservación y expansión del propio ser, irradia aun en tales sublimidades. El hombre cree el mundo mismo colmado de belleza; se olvida que él es la causa. Él lo ha obsequiado con belleza, ¡ay 1, sólo con una belleza muy humana, demasiado humana. En el fondo, el hombre se refleja en las cosas; tiene por bello todo lo que le devuelve su propia imagen. El juicio “bello” es su vanidad genérica... Pues al escéptico bien puede un leve recelo susurrarle al oído: ¿de veras queda embellecido el mundo por el hecho de que el hombre lo tenga por bello? Lo ha humanizado; esto es todo. Mas nada, absolutamente nada, nos autoriza para creer que precisamente el hombre sea el modelo de lo bello. ¿Quién sabe cómo se presenta a los ojos de un juez superior del gusto? ¿Acaso atrevido? ¿Acaso divertido? ¿Acaso un tanto arbitrario?... “Oh Dionisos, divino, ¿por qué me tiras de las orejas?”, preguntó Ariadna a su amante filosófico en ocasión de uno de esos célebres diálogos en Naxos. “Es que tus orejas me causan gracia, Ariadna; ¿quizá por qué no son aún más largas?” Al cristianismo no se le debe adornar ni engalanar: él ha hecho una guerra a muerte a ese tipo superior de hombre, él ha proscrito todos los instintos fundamentales de ese tipo, él ha extraído de esos instintos por destilación, el mal, el hombre malvado, - el hombre fuerte considerado como hombre típicamente reprobable, como “hombre réprobo”. El cristianismo ha tomado, partido por todo lo débil, bajo malogrado, ha hecho un ideal de la contradicción a los instintos de conservación de la vida fuerte; ha corrompido la razón incluso de las naturalezas dotadas de máxima fortaleza espiritual al enseñar a sentir como pecaminosos, como descarriadores, como tentaciones, los valores supremos de la espiritualidad. ¡El ejemplo más deplorable - la corrupción de Pascal, el cual creía en la corrupción de su razón por el pecado original, siendo así que sólo estaba corrompida por su cristianismo! Entre alemanes se me comprende en seguida cuando yo digo que la filosofía está corrompida por sangre de teólogos. El párroco protestante es el abuelo de la filosofía alemana, el protestantismo mismo, su peccatum originale. Definición del protestantismo: la hemiplejía del cristianismo - y de la razón... Basta pronunciar la palabra “Seminario [Stift] de Tübinger” para comprender qué es en el fondo la filosofía alemana - una filosofía artera... Los suabos son los mejores mentirosos en Alemania, mienten inocentemente... ¿A qué se debió el júbilo que, al aparecer Kant, recorrió el mundo de los doctos alemanes, compuesto en sus tres cuartas partes por hijos de párrocos y de maestros -, a qué el convencimiento alemán, que aún hoy sigue encontrando eco, de que con Kant comienza un giro hacia algo mejor? El instinto de teólogo existente en el docto alemán adivinó qué es lo que, a partir de ese momento, volvía a ser posible... Un camino fortuito hacia el viejo ideal quedaba abierto, el concepto “mundo verdadero”, el concepto de la moral como esencia del mundo (- ¡los dos errores más malignos que existen!) volvían a ser ahora, gracias a un escepticismo ladinamente inteligente, si no demostrables, tampoco ya refutables... La razón, el derecho de la razón no llega tan lejos... Se había hecho de la realidad una “apariencia”; y se había hecho de un mundo completamente mentido, el de lo que es, la realidad. El éxito de Kant es meramente un éxito de teólogos: Kant fue, lo mismo que Lutero, lo mismo que Leibniz, una rémora más en la honestidad alemana, nada firme de suyo

Escurrir el bulto.

Ya consideremos el ciclo bajo la forma D... D' o bajo la forma P... P', el proceso inmediato de producción P no es nunca más que una fase de este ciclo. Bajo la primera forma, actúa como eslabón del proceso de circulación; bajo la segunda, es el proceso de circulación el que le sirve de eslabón a él. Su renovación continua, la reaparición constante del capital como capital productivo, se halla condicionada en ambos casos por las transformaciones que experimenta en el proceso de circulación. Y, a su vez, el proceso de producción constantemente renovado es la condición de las transformaciones que sufre constantemente el capital en la órbita de la circulación, en las que aparece alternativamente como capital–dinero y capital–mercancías. De putas en Madrid Supongamos que el capital circulante de 500 libras esterlinas desembolsado en forma de capital–dinero, cualquiera que sea su período de rotación, represente el capital global circulante de la sociedad, es decir, de la clase capitalista, y que la plusvalía ascienda a 100 libras. ¿Cómo se las arregla la clase capitalista, en su conjunto, para sacar constantemente de la circulación 600 libras esterlinas, si sólo lanza a ella, constantemente, 500? Escorts Bilbao Segundo. Según la ley ricardiana del valor, dos capitales que emplean la misma cantidad de trabajo vivo y con la misma remuneración, producen en tiempos iguales –suponiendo que todas las demás circunstancias sean idénticas– productos de igual valor y plusvalía o ganancia en cantidad también igual. Pero sí emplean cantidades desiguales de trabajo vivo, no pueden producir una plusvalía, o, como dicen los ricardianos, una ganancia de tipo igual. Pues bien, lo que ocurre es precisamente lo contrario. En realidad, capitales iguales, cualquiera que sea la cantidad, pequeña o grande, de trabajo vivo que empleen, producen en tiempos iguales por término medio, ganancias iguales. Se encierra aquí, por tanto, una contradicción a la ley del valor, contradicción descubierta ya por Ricardo, y que su escuela fue también incapaz de resolver. Rodbertus vio también esta contradicción; pero, en vez de resolverla, la convirtió en uno de los puntos de partida de su utopía (Zur Erkenntnis, etc., p. 131). La tal contradicción había sido ya resuelta por Marx en el manuscrito titulado "Contribución a la crítica, etc."; la solución se encuentra, con arreglo al plan de El Capital, en el libro III. Aún habrán de pasar varios meses antes de su publicación. Por tanto, los economistas que pretenden descubrirnos en Rodbertus la fuente secreta de Marx y un precursor aventajado de éste, tienen aquí una ocasión de demostrarnos lo que puede dar de sí la economía rodbertiana. Si son capaces de explicarnos cómo, no ya sin infringir la ley del valor, sino sobre la base precisamente de esta ley, puede y debe formarse una cuota medía de ganancia igual, entonces discutiremos mano a mano con ellos. Pero, tienen que darse prisa. Las brillantes investigaciones contenidas en este libro II de El Capital y los novísimos resultados a que llegan en terrenos que hasta aquí apenas había pisado nadie, no son más que las premisas para el contenido del libro III, en el que se desarrollan los resultados finales de la exposición marxista del proceso social de reproducción, sobre la base capitalista. Cuando este libro III vea la luz, ya casi nadie se acordará de que existió un economista llamado Rodbertus. http://www.girlsbcn.com.es Pero las leyes de la circulación general de mercancías sólo rigen allí donde el proceso de circulación del capital forma una serie de actos de circulación simples, no donde éstos constituyen etapas funcionalmente determinadas del ciclo de los capitales industriales individuales. De putas en Barcelona pero ellos mismos con sus insensateces se causan sus infortunios, Madrid putas la reversión del capital –mercancía a sus elementos de producción, cuando éstos representan mercancías. En la baja de valor (o, en su caso, de precio), pueden darse tres casos: que el proceso de reproducción se siga desarrollando en la misma escala, en cuyo caso queda disponible una parte del capital–dinero anterior y se produce un incremento del capital–dinero sin que exista verdadera acumulación (producción en escala ampliada) ni se opere la transformación de d (plusvalía) en fondo de acumulación, que es el fenómeno que la inicia y la acompaña; que el proceso de reproducción se amplíe en una escala mayor de la que en otro caso se aplicaría, siempre y cuando que las proporciones técnicas lo consientan; finalmente, que se produzca un mayor almacenamiento de materias primas, etc. Escorts independientes de valencia La diferencia entre el tiempo de producción y el tiempo de trabajo admite, como hemos visto, diversos casos. El capital cir­culante puede entrar en el período de producción antes de haber entrado en el verdadero período de trabajo (casos del vino, del trigo para sembrar, etc.); otras veces, el tiempo de producción se ve inte­rrumpido transitoriamente por el tiempo de trabajo (casos de la labranza de las tierras, del cultivo de árboles para madera, etc.); otras veces, una gran parte del producto apto para circular queda incorporada al proceso activo de producción, mientras una parte mucho menor se incorpora a la circulación anual (cultivo de árboles para madera, ganadería); el plazo mayor o menor para el cual es necesario desembolsar de una vez el capital circulante en forma de capital productivo potencial, y por tanto la masa mayor o menor en que este capital tiene que desembolsarse, responde en parte al carácter del proceso de producción (agricultura) y depende en parte de la cercanía de los mercados, etc.; en una palabra, de factores encuadrados en la órbita de la circulación. Acompañante de lujo en Madrid Esta es cabalmente la larga historia de la procedencia de la responsabilidad. Aquella tarea de criar un animal al que le sea lícito hacer promesas incluye en sí como condición y preparación, según lo hemos comprendido ya, la tarea más concreta de hacer antes al hombre, hasta cierto grado, nece­sario, uniforme, igual entre iguales, ajustado a regla, y, en consecuencia, calculable. El ingente trabajo de lo que yo he llamado «eticidad de la costumbre» (véase Aurora, págs. 7, 13,16)41 ––el auténtico trabajo del hombre sobre sí mismo en el más largo período del género humano, todo su trabajo prehistórico, tiene aquí su sentido, su gran justificación, aunque en él residan también tanta dureza, tiranía, estupi­dez e idiotismo: con ayuda de la eticidad de la costumbre y de la camisa de fuerza social el hombre fue hecho realmente calculable. Situémonos, en cambio, al final del ingente pro­ceso, allí donde el árbol hace madurar por fin sus frutos, allí donde la sociedad y la eticidad de la costumbre sacan a luz por fin aquello para lo cual ellas eran tan sólo el medio: en­contraremos como el fruto más maduro de su árbol, al indi­viduo soberano, al individuo igual tan sólo a sí mismo, al individuó que ha vuelto a liberarse de la eticidad de la costum­bre al individuo autónomo, situado por encima de la etici­dad (pues «autónomo» y «ético» se excluyen) en una pala­bra, encontraremos al hombre de la duradera voluntad pro­pia, independiente, al que le es lícito hacer promesas ––y, en él, una––conciencia orgullosa, palpitante en todos sus múscu­los, de lo que aquí se ha logrado por fin y se ha encarnado en él, una auténtica conciencia de poder y libertad, un sen­timiento de plenitud del hombre en cuanto tal. Este hombre liberado, al que realmente le es lícilo hacer promesas, este se­ñor de la voluntad libre, este soberano ––¿cómo no iba a co­nocer la superioridad que con esto tiene sobre todo aquello a lo que no le es lícito hacer promesas ni responder de sí, cómo no iba a saber cuánta confianza, cuánto temor, cuán­to respeto inspira–– él «merece» las tres cosas ––, y cómo, en este dominio de sí mismo, le está dado también necesaria­mente el dominio de las circunstancias, de la naturaleza y de todas las criaturas menos fiables, más cortas de voluntad? El hombre «libre», el poseedor de una voluntad duradera e in­quebrantable, tiene también, en esta posesión suya, su me­dida del valor: mirando a los otros desde sí mismo, honra o desprecia; y con la misma necesidad con que honra a los iguales a él, a los fuertes y fiables (aquellos a quienes les es lí­cito hacer promesas), ––es decir, a todo el que hace promesas como un soberano, con dificultad, raramente, con lentitud, a todo el que es avaro de conceder su confianza, que honra cuándo confía, que da su palabra como algo de lo que uno puede fiarse, porque él se sabe lo bastante fuerte para mante­nerla incluso frente a las adversidades, incluso «frente al des­tino» –– : con igual necesidad tendrá preparado su puntapié para los flacos galgos que hacen promesas sin que les sea líci­to, y su estaca para el mentiroso que quebranta su palabra ya en el mismo momento en que aún la tiene en la boca. El orgu­lloso conocimiento del privilegio extraordinario de la respon­sabilidad, la conciencia de esta extraña libertad, de este poder sobre sí y sobre el destino, se ha grabado en él hasta su más: honda profundidad y se ha convertido en instinto, en instin­to dominante: –– ¿cómo llamará a este instinto dominante, su­poniendo que necesite una palabra para él? Pero no hay nin­guna duda: este hombre soberano lo llama su conciencia... Escorts Euskadi En los contratos de alquiler de casas y otros objetos que son para su propietario capital fijo, y se alquilan en concepto de tal, la legislación reconoce en todas partes la diferencia entre el desgaste normal ocasionado por el tiempo, por la acción de los elementos y por el uso natural y las reparaciones a que hay que proceder de vez en cuando para mantener la casa en condiciones durante su período normal de vida y su uso normal. Por lo general, las primeras corren a cargo del propietario y las segundas a cargo del inquilino. Las reparaciones se dividen, además, en corrientes y sustanciales. Las segundas implican ya en parte la renovación del capital fijo en su forma natural y corresponden también al propietario, a menos que el contrato disponga expresamente otra cosa. Así, por ejemplo, según el derecho inglés: Madrid Scorts El régimen capitalista de producción presupone la producción en gran escala y, como consecuencia de ello, la venta en gran escala también. presupone, por tanto, la venta al comerciante y no directamente al consumidor individual. Cuando este consumidor sea, a su vez, consumidor productivo, es decir, capitalista industrial; o, dicho en otros términos, cuando el capital industrial de una rama de producción suministre medios de producción a otra rama, se operará también (en forma de encargo, etc.) la venta directa de un capitalista industrial a muchos. En este sentido, todo capitalista industrial es vendedor directo, su propio comerciante, papel que, por lo demás, desempeña también cuando vende a otros comerciantes. Anuncios de relax en Barcelona El capital adicional se divide exactamente lo mismo que el primitivo. Pero lo que lo distingue del capital I es el hecho de que (prescindiendo de las condiciones del crédito), para que se halle disponible con vistas a su propio período de trabajo, tiene que estar desembolsado ya durante todo el tiempo del periodo de trabajo del capital I, a pesar de no incorporarse a él. Durante este tiempo puede convertirse ya, parcialmente al menos, en capital circulante constante, desembolsado para todo el período de rotación. Hasta qué punto revista esta forma o se mantenga bajo la forma de capital–dinero adicional, hasta el momento en que deba sufrir aquella transformación, dependerá en parte de las condiciones especiales de producción de determinadas ramas industriales, y en parte de las circunstancias locales, de las oscilaciones de precios de las materias primas, etc. Si nos fijamos en el capital global de la sociedad, veremos que una parte más o menos considerable de este capital adicional deberá mantenerse siempre durante largo tiempo bajo la forma de capital–dinero. En cambio, la parte del capital II destinada a invertirse en salarios se irá transformando gradualmente en fuerza de trabajo, a medida que los períodos de trabajo cortos vayan transcurriendo y se vaya pagando a los obreros. Por tanto, esta parte del capital II deberá existir en forma de capital–dinero durante todo el período de trabajo, hasta que, al convertirse en fuerza de trabajo, sea absorbida por la función del capital productivo. sado erotico barcelona D – T es la fase característica de la conversión del capital–dinero en capital productivo, ya que constituye la condición esencial para que el capital desembolsado en forma de dinero se convierta realmente en capital, en valor creador de plusvalía. D – Mp no tiene más finalidad que facilitar la realización de la masa de trabajo comprada por medio de D – T. Por tanto, desde este punto de vista, la fórmula D – T fue expuesta en el libro I, sección II: transformación del dinero en capital. [pp. 103–129]. Aquí, debemos examinar el problema desde otro punto de vista, refiriéndonos especialmente al capital–dinero como forma de manifestarse el capital. sexo profesional barcelona

No te rayes.

Conformarse con los hombres, tener casa abierta con su corazón es liberal, pero nada más que liberal. Los corazones capaces de la hospitalidad aristocrá­tica se los reconoce por las muchas ventanas cubier­tas y postigos cerrados; tienen desocupadas sus me­jores estancias. ¿Por qué? Porque esperan a huéspedes con los que uno no “se conforma”... relaciones ocasionales barcelona Al mismo recurso, el de la castración, extermina­ción, apelan instintivamente, en la lucha contra tal apetito, aquellos que son demasiado débiles de volun­tad, demasiado degenerados para refrenarlo; aquellos que alegóricamente (y no alegóricamente) necesitan hablar de la Trappe, alguna categórica declaración de guerra, un divorcio establecido entre ellos y tal pasión. Sólo los degenerados tienen necesidad de re­medios radicales: la debilidad de la voluntad, más exactamente, la incapacidad para no responder a un estímulo, no es sino una forma distinta de la degene­ración. La enemistad radical, mortal hacia la sensua­lidad, es un síntoma que da mucho que pensar; per­mite sacar conclusiones respecto al estado total de la persona que llega a tal extremo. Por lo demás, esa enemistad, ese odio, sólo se exacerba a tal punto si tales personas ni siquiera., tienen ya energías suficien­tes para efectuar la cura radical, expulsar su “demo­nio”. Pasando revista a toda la historia de los sacer­dotes y filósofos, aparte la de los artistas, se com­prueba que las diatribas más violentas contra los sentidos parten no de los impotentes, ni tampoco de los ascetas, sino de los ascetas fallidos, de aquellos que debieron ser ascetas... Erosbcn 2º A. Emith huye, de su propia teoría por medio de un juego de palabras, de la distinción entre gross y net revenue, entre ingreso bruto e ingreso neto. El capitalista individual, al igual que la clase capitalista en conjunto, o lo que se llama la nación, recibe en vez del capital consumido en la producción un producto–mercancía, cuyo valor –representable en partes proporcionales de este mismo producto– repone , de una parte, el valor–capital invertido, creando, por tanto, un ingreso y además, literalmente, una renta [revenue] (de revenu, participio pasivo de revenir, retornar), pero nota bene, (22), renta de capital o ingreso de capital. De otro lado, las partes integrantes de valor que “se distribuyen entre los diversos habitantes del país como salario de su trabajo, como ganancia de su capital o como renta de su propiedad de la tierra", es lo que en el lenguaje corriente se engloba bajo el nombre de rentas. Es decir, que el valor de todo el producto, ya sea para el capitalista individual o para todo el país, arroja siempre un ingreso para alguien: de una parte, un ingreso para el capital; de otra, rentas distintas de él. Por consiguiente, lo que se había eliminado al analizar el valor de la mercancía en sus partes integrantes, se cuela ahora por un portillo, y volvemos a encontrarnos con el doble sentido de la palabra “renta”. Ahora bien; sólo es posible "recibir" las partes integrantes del valor del producto que ya existiesen en él. Para poder recibir como renta capital, es necesario desembolsar previamente capital. http://www.escortmadrid.com.es Y lo que decimos del capital comercial es también aplicable, en mayor grado todavía al capital a interés. En el capital comercial, los dos extremos, el del dinero que se lanza al mercado y el del dinero que en cantidad mayor se retira – de él. aparecen por lo enlazados mediante una compra y una venta, mediante el movimiento de la circulación. En cambio, en el capital a interés la formula D – M – D’ se reduce a los dos extremos escuetos D – D’ dinero que se cambia por más dinero, fórmula que contradice a la naturaleza del dinero y que es, por tanto, inexplicable desde el , punto de Vista del cambio de mercancías. Por eso dice Aristóteles: “como la cre­matística es de dos clases, una para el comercio y otra para la eco­nomía, esta última necesaria y laudable, la primera, en cambio, basada en la circulación y con razón censurada, (pues no descansa en la naturaleza, sino en el mutuo engaño), la usura es odiada, y con toda razón, pues aquí el dinero es fuente directa de lucro y no se emplea para lo que se inventó Pues el dinero se creó para el cambio de mercancías y el interés hace del dinero más dinero. De ahí su nombre (tscsV, que en griego quiere decir interés y criatura), pues las criaturas semejan siempre al criador. Y el interés es dinero de dinero, es decir, la más antinatural de todas las ramas de lucro.”36 madrid callgirl Según los economistas, lo que determina el alza de los salarios, no es el volumen de la riqueza social existente ni la magnitud del capital ya adquirido, sino solamente el incremento constante de la acumulación y el grado de celeridad de su desarrollo. (A. Smith, libro I, cap. 8 [t. I, p. 208].) Hasta aquí, sólo hemos estudiado una fase concreta de este proceso: aquella en que el incremento del capital se realiza sin que se altere su composición técnica. Pero el proceso sigue su curso y se remonta sobre esta fase. girlsbcn.org No basta con que las condiciones de trabajo cristalicen en uno de los polos como capital y en el polo contrario como hombres que no tienen nada que vender más que su fuerza de trabajo. Ni basta tampoco con obligar a éstos a venderse voluntariamente. En el transcurso de la producción capitalista, se va formando una clase obrera que, a fuerza de educación, de tradición, de costumbre, se somete a las exigencias de este régimen de producción como a las más lógicas leyes naturales. La organización del proceso capitalista de producción ya desarrollado vence todas las resistencias; la exis­tencia constante de una superpoblación relativa mantiene la ley de la oferta y la demanda de trabajo a tono con las necesidades de explotación del capital, y la presión sorda de las condiciones econó­micas sella el poder de mando del capitalista sobre el obrero. Toda­vía se emplea, de vez en cuando, la violencia directa, extraeconó­mica; pero sólo en casos excepcionales. Dentro de la marcha natural de las cosas, ya puede dejarse al obrero a merced de las “leyes na­turales de la producción”, es decir, entregado al predominio del capital, predominio que las propias condiciones de producción en­gendran, garantizan y perpetúan. Durante la génesis histórica de la producción capitalista, no ocurre aún as!. La burguesía, que va ascendiendo, pero que aún no ha triunfado del todo, necesita y emplea todavía el poder del estado para “regular” los salarios, es decir, para sujetarlos dentro de los límites que convienen a los fa­bricantes de plusvalía, y para alargar la jornada de trabajo y mantener al mismo obrero en el grado normal de subordinación. Es éste un factor esencial de la llamada acumulación originaria. escorts alto standing La tercera categoría de la superpoblación relativa, la intermitente, forma parte del ejército obrero en activo, pero con una base de trabajo muy írregular. Esta categoría brinda así al capital un receptáculo inagotable de fuerza de trabajo disponible. Su nivel de vida desciende por debajo del nivel normal medio de la clase obrera, y esto es precisamente lo que la convierte en instrumento dócil de explotación del capital. Sus características son: máxima jornada de trabajo y salario mínimo. Bajo el epígrafe del trabajo domiciliario, nos hemos enfrentado ya con su manifestación fundamental. Su contingente se recluta constantemente entre los obreros que dejan disponibles la gran industria y la agricultura, y sobre todo las ramas industriales en decadencia, aquellas en que la industria artesana sucumbe ante la industria manufacturera y ésta se ve desplazada por la industria maquinizada. Su volumen aumenta a medida que la extensión y la intensidad de la acumulación dejan “sobrantes” a mayor número de obreros. Pero, esta categoría constituye al mismo tiempo un elemento de la clase obrera, que reproduce a sí mismo y se eterniza, entrando en una proporción relativamente mayor que los demás elementos en el crecimiento total de aquélla. De hecho, no sólo la masa de los nacimientos y defunciones, sino también la magnitud numérica de las familias se halla en razón inversa a la cuantía del salario, es decir, de la masa de medios de vida de que disponen las diversas categorías de obreros. Esta ley de la sociedad capitalista sonaría a disparatada entre salvajes, e incluso entre los habitantes civilizados de las colonias. Es una ley que recuerda la reproducción en masa de especies animales individualmente débiles y perseguidas.23

La economía política ha sido siempre y sigue siendo en Alemania, hasta hoy, una ciencia extranjera. Ya Gustav von Gülich hubo de explicar, en parte, en su obra Exposición histórica del comercio, la industria, etc. principalmente en los dos primeros volúmenes, publi­cados en 1830, las causas históricas que entorpecen en nuestro país el desarrollo del régimen de producción capitalista y, por tanto, el avance de la moderna sociedad burguesa. Faltaba en Alemania el cimiento vivo sobre que pudiera asentarse la economía política. Esta ciencia se importaba de Inglaterra y de Francia como un producto elaborado; los profesores alemanes de economía seguían siendo simples aprendices. La expresión teórica de una realidad extraña se convertía en sus manos en un catálogo de dogmas, que ellos interpretaban, o mejor dicho deformaban, a tono con el mundo pequeñoburgués en que vivían. Para disfrazar un sentimiento de impotencia cientí­fica que no acertaban a reprimir del todo y la desazón del que se ve obligado a poner cátedra en cosas que de hecho ignora, desplegaban la pompa de una gran erudición histórico–literaria o mezclaban la economía con materias ajenas a ella, tomadas de las llamadas ciencias camerales (IV), batiburrillo de conocimientos por cuyo purgatorio tiene que pasar el prometedor candidato a la burocracia alemana. relax bilbao 149 En una proclama lanzada a las "Trade Societies of England" por los obreros a quienes un "lock out" de los fabricantes de zapatos de Leicester había dejado sin trabajo, leemos: "Desde hace unos veinte años, el ramo de zapatería de Leicester se vio revolucionado por la implantación de los remaches en vez del cosido. Antes, podían conseguirse en estas fábricas buenos jornales. La industria de zapatería fue tomando grandes vuelos. Se entabló una gran competencia entre las diversas fábricas sobre cuál podía suministrar los artículos de más gusto. Hasta que, enseguida, surgió una clase peor de competencia, la que tendía a eliminar a los otros del mercado vendiendo más barato (undersell). Las consecuencias funestas de esta conducta no tardaron en revelarse en la baja de los jornales, y el descenso del precio del trabajo fue tan repentino, que hoy muchas fábricas no pagan a sus obreros más que la mitad de los salarios primitivos. Y mientras que los jornales siguen bajando, las ganancias parecen aumentar con cada nuevo cambio introducido en la tarifa del trabajo." Los fabricantes se aprovechan de los períodos industriales más desfavorables para conseguir ganancias extraordinarias mediante una rebaja a fondo de los salarios, es decir, mediante un robo manifiesto contra el obrero, a quien se le despoja de los medios más elementales de vida. He aquí un ejemplo: se trata de la crisis del ramo textil de sedas de Coventry: "Según los datos recogidos de fabricantes y de obreros, resulta inequívocamente que se han rebajado los jornales en una proporción mayor de lo que exigían la competencia de los productores extranjeros u otras circunstancias. La mayoría de los tejedores trabaja en la actualidad con salarios reducidos en un 30 a un 40 por 100. Una pieza de cinta que hace cinco años le valía al tejedor 6 a 7 chelines, sólo le rinde ahora 3 chelines y 3 peniques o 3 chelines y 6 peniques; otros trabajos que antes se le pagaban a 4 chelines y a 4 chelines y 3 peniques, están tasados ahora en 2 chelines o 2 chelines y 3 peniques solamente. La rebaja de jornales es mayor de lo que exige la necesidad de espolear la demanda. En realidad, en muchas clases de artículos la rebaja de jornales no ha ido siquiera acompañada de una rebaja grande ni pequeña de los precios. (Informe del Comisario F. D. Longe, en Child. Emp. Comm., v. Rep. 1866, p. 114, n. l.) barcelona escorts independientes Finalmente, la última forma, la forma III, imprime al mundo de las mercancías la forma relativa general–social del valor, ya que todas las mercancías que lo componen, excepción hecha de una sola, quedan al margen de la forma de equivalente general. Es una sola mercancía, el lienzo, la que reviste, por tanto, la forma de objeto directamente permutable por todos los demás, la que presenta forma directamente social, puesto que las demás se hallan todas imposibili­tadas para hacerlo.27 promocion web El valor de este producto envuelve, en primer término, el valor de los medios de producción por él absorbidos. El trabajo útil no puede absorber estos medios de producción sin transferir su valor al nuevo producto; pero para poder venderse, la fuerza de trabajo ha de ser capaz de suministrar trabajo útil, dentro de la rama industrial a que se la aplique. papeleria corporativa determina la cuota de plusvalía, para obtener ésta no hay más que establecer aquella proporción. Así ateniéndonos a nuestro ejemplo, la cuota de plusvalía es, en las tres jornadas de trabajo a que aludimos, del 162/3 , del 50 y del 100 por 100 respectivamente. En cambio, la cuota de plusvalía por sí sola no nos diría jamás la duración de la jornada de trabajo. Así, por ejemplo, aun siendo del 100 por 100 la cuota de plusvalía, la jornada de trabajo podría ser de 10 o de 12 o más horas. Aquélla nos indicaría únicamente que las dos partes integrantes de la jornada de trabajo, el trabajo necesario y el trabajo excedente, eran iguales entre sí, pero no nos diría la magnitud de cada una de ellas. bares de copas en españa Como se ve, fuera de límites muy elásticos, la mercancía del cambio de mercancías no traza directamente un limite a la jornada de trabajo, ni, por tanto, a la plusvalía. Pugnando por alargar todo lo posible la jornada de trabajo, llegando incluso, si puede, a convertir una jornada de trabajo en dos, el capitalista afirma sus derechos de comprador. De otra parte, el carácter específico de la mercancía vendida entraña un limite opuesto a su consumo por el comprador, y al luchar por reducir a una determinada magnitud normal la jornada de trabajo, el obrero reivindica sus derechos de vendedor. Nos encontramos, pues, ante una antinomia, ante dos derechos encontrados, sancionados y acuñados ambos por la ley que rige el cambio de mercancías. Entre derechos iguales y contrarios, decide la fuerza. Por eso, en la historia de la producción capitalista, la reglamentación de la jornada de trabajo se nos revela como una lucha que se libra en torno a los límites de la jornada; lucha ventilada entre el capitalista universal, o sea, la clase capitalista, de un lado, y de otro el obrero universal, o sea, la clase obrera. Oscus Ahora bien, la clase específica de mercancías a cuya forma natural se incorpora socialmente la forma de equivalente, es la que se convierte en mercancía –dinero o funciona como dinero. Esta mercancía tiene como función social específica, y por tanto como monopolio social dentro del mundo de las mercancías, el desempeñar el papel de equi­valente general. Este puesto privilegiado fue conquistado histórica­mente por una determinada mercancía, que figura entre aquellas que en la forma II desfilan como equivalentes especiales del lienzo y que en la forma III expresan conjuntamente en éste su valor relativo: el oro. Así pues, con sólo sustituir en la forma III el lienzo por oro, obtendremos la fórmula siguiente: Pisos de particulares en Barcelona 4 Ya antes de venir él se empleaban, aunque muy imperfectas, máquinas para preparar el hilado, máquinas que probablemente aparecieron por primera vez en Italia. Una historia crítica de la tecnología demostraría seguramente que algún invento del siglo XVIII fue obra personal de un individuo. Hasta hoy, esta historia no existe. Darwin ha orientado el interés hacía la historia de la tecnología natural, es decir, hacia la formación de los órganos vegetales y animales como instrumentos de producción para la vida de los animales y las plantas... ¿Es que la historia de la creación de los órganos productivos del hombre social, que son la base material de toda organización específica de la sociedad, no merece el mismo interés? Además, esta historia sería más fácil de trazar, pues, como dice Vico, la historia humana se distingue de la historia natural en que la una está hecha por el hombre y la otra no. La tecnología nos descubre la actitud del hombre ante la naturaleza, el proceso directo de producción de su vida. y. por tanto, de las condiciones de su vida social y de las ideas y representaciones espirituales que de ellas se derivan. Ni siquiera una historia de las religiones que prescinda de esta base material puede ser considerada como una historia crítica. En efecto, es mucho más fácil encontrar. mediante el análisis. el núcleo terrenal de las imágenes nebulosas de la religión que proceder al revés, partiendo de las condiciones de la vida real en cada época para remontarse a sus formas divinizadas. Este último método es el único que puede considerarse como el método materialista, y por tanto científico. Si nos fijamos en las representaciones abstractas e ideológicas de sus portavoces tan pronto como se aventuran fuera del campo de su especialidad. advertimos enseguida los vicios de ese materialismo abstracto de los naturalistas que deja a un lado el proceso histórico.



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